viernes, 6 de junio de 2008

A GOLPE DE ALA


Volando a solas, por el hosco cielo,
entre la recia tempestad que brama,
un instante nomás detengo el vuelo
para mirar mejor el panorama.

De pedestal me servirá la cumbre
que el necio insulta cuanto más le asombra;
¡Al hombre hiere la celeste lumbre
y por vengarse la convierte en sombra!

A golpe del ala, con mi solo orgullo
disfrutaré la tempestad violenta;
para el que ama la lucha no hay arrullo
como el ronco bramar de la tormenta.

No he de inquietarme si la envidia crece
entre la baja humanidad abyecta;
mientras más alto el águila se mece
es mas grande la sombra que proyecta.

Más seguro me siento de mis sueños
mientras más de los hombres me retiro,
que mientras más me elevo más pequeños
a los que yacen en el fondo miro.

No me importa el trueno ni la nube
aunque la mire en tempestad deshecha;
más segura está el águila que sube
a donde nunca llegará la flecha.

¡Volar desde los aires se depuran
y se siente el fulgor de lo divino
muy lejos de los cuervos que procuran
la basura que lleva el remolino!

¡Que truenen rayos y que silben flechas
mientras la cima azul mi vuelo escala
las aves fueron para el vuelo hechas
y el espacio infinito para el ala!

No he de caer como la enhiesta encina
que arranca bronco el huracán, de cuajo;
si alguna vez el rayo me fulmina
será de arriba... ¿Pero no de abajo!

Así la nube, convertida en velo,
será cortina de mi propia gloria;
atrás veré resplandecer un cielo
y cubrirá bajo mis pies la escoria.

Para el que ama el espacio no hay anhelo
como el de hacer de nubes una escala,
desafiar la borrasca, alzar el vuelo,
¡Y cruzar la tormenta a golpe de ala!...

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